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| Las apariciones de la Virgen de Lourdes |
El 11 de febrero, de 1858, era
el día elegido para que el cielo se hiciera presente
en la tierra. Ese día cambiaría para siempre, no solo
la vida de Bernardita, sino que marca el comienzo de
una fuente de gracia que ha brotado para toda la
humanidad. Fuente que solo crece con el tiempo.
La madre de
Bernardita permitió a esta ir con su hermana menor llamada
María, y con otra niña, al campo a buscar leña
seca. El lugar preferido para recoger leña era un campo
que había frente a la gruta. Bernardita por su fragilidad
física se quedó atrás.
Las compañeritas habían pasado ya el
arroyo, pero Bernardita no se atrevía a meterse al agua
porque estaba muy fría. Las demás insistían en que lo
hiciese y cuando ella empezó a descalzarse, un ruido muy
fuerte, parecido a un viento impetuoso, la obligó a levantar
la cabeza y mirar hacia todos los lados.
¡Qué es esto!
decía. Las hojas de los árboles estaban inmóviles.
El ruido del
viento empezó de nuevo y más fuerte en la gruta.
Y ahí, en el fondo de la gruta, una maravillosa
aparición se destacaba delante de ella. En este mismo momento
empezaron a sonar las campanas de la Iglesia parroquial y
se oía el canto del Ángelus.
Primera Aparición:
Una luz resplandeciente
como la del sol, pero dulce y apacible como todo
lo que viene del cielo, una Señora prodigiosamente bella se
dejó ver por Bernardita. Vestía un traje blanco, brillante y
de un tejido desconocido, ajustado al talle con un cinta
azul; largo velo blanco caía hasta los pies envolviendo todo
el cuerpo. Los pies, de una limpieza virginal y descalzos,
parecían apoyarse sobre el rosal silvestre. Dos rosas brillantes de
color de oro cubrían la parte superior de los pies
de la Santísima Virgen. Juntas sus manos ante el pecho,
ofrecían una posición de oración fervorosa; tenia entre sus dedos
un largo rosario blanco y dorado con una hermosa cruz
de oro.
Todo en Ella irradiaba felicidad, majestad, inocencia, bondad dulzura
y paz. La frente lisa y serena, los ojos eran
azul celeste llenos de amor y los labios mostraban suavidad
y mansedumbre. La Señora parecía saludarla tiernamente mientras se inclinaba
ante Bernardita.
Bernardita buscó su rosario (que traía siempre en su
bolsillo) haciendo, como para defenderse, la señal de la cruz,
pero su mano quedó paralizada. En ese momento la Virgen
tomo la cruz del rosario e hizo la señal de
la cruz y le dijo a Bernardita que lo hiciera
como ella.
En ese momento su brazo paralizado quedó libre. La
Señora empezó a pasar las cuentas del rosario entre sus
dedos y Bernardita empezó a rezar el suyo. Al terminar,
la Virgen le hizo señas con el dedo para que
se acercara y entendiendo el brazo, se inclinó dulcemente y
sonrió como despidiéndose de Bernardita. ¡La Visión había desaparecido!
Bernardita preguntó
a las otras niñas si habían visto algo y al
estas responderle que no, les contó su experiencia y les
pidió silencio. Pero la hermana de Bernardita se lo contó
a su mamá. La madre no le creyó y ordenó
a Bernardita que se dejase de imaginaciones y que le
estaba prohibido regresar a la gruta.
Esa noche, mientras rezaban el
rosario en familia, Bernardita rompió en llantos, repitiendo su invocación
favorita: "Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que
acudimos a ti."
Segunda aparición:
El día 14 de febrero, las niñas
insistieron en que les dieran permiso para regresar a la
gruta. Todos pensaban que lo que le había pasado a
Bernardita era un engaño del demonio, y entonces le dijeron
que fuera a la gruta y rociara agua bendita. Así
huiría el demonio y se quedarían tranquilos.
Cuando llegaron a la
gruta, Bernardita les pidió que se arrodillaran a rezar el
Rosario. Apareció de nuevo la Virgen. El rostro de Bernardita
se transfiguró. Esta tiró el agua bendita y dijo: "Si
vienes de parte de Dios, acércate a nosotras." El agua
bendita llegó hasta los pies de la Virgen y sonriendo
con mas dulzura se acercó a Bernardita. Tomó el rosario
y se persignó con el. Empezaron ambas a rezarlo.
Al atardecer
ya toda la población comentaba las maravillas que ocurrían en
la gruta de Lourdes, pero a los comentarios se unían
las burlas, desprecios e insultos.
Tercera Aparición:
Los padres de Bernardita empezaron
a creerle ya que ella jamás había mentido y se
caracterizaba por su obediencia. Además los convenció la naturalidad con
que ella exponía los eventos y sus mas pequeños pormenores.
El
18 de febrero, una señora y una religiosa deseaban acompañar
a Bernardita a la gruta. Fueron con ella primero a
la Santa Misa de las 5:30 a.m. y de allí
se dirigieron a la gruta. Bernardita caminaba tan rápido que
parecía como si una fuerza superior la empujase hacia allá.
Se
arrodilló y empezó el rezo del rosario, lanzó un grito
de jubilo al ver al fondo de la gruta a
la Señora. Le preguntó si se podían quedar sus dos
acompañantes y la Virgen dijo que sí. Ellas también se
arrodillaron y se pusieron a rezar mientras encendían un cirio
bendito.
Bernardita le pasó un papel a la Virgen pidiéndole que
escribiera cualquier cosa que deseaba comunicarle.
La Virgen le dijo: "Lo
que tengo que comunicarte no es necesario escribirlo, hazme únicamente
el regalo de venir aquí durante quince días seguidos". Bernardita
se lo prometió y la Virgen le respondió: "Yo también
te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino
en el otro."
La quincena milagrosa:
El rumor de las apariciones se
esparció rápidamente y una gran multitud acudió a la gruta.
19
de febrero: Llegó Bernardita a la gruta acompañada de sus
padres y un centenar de personas. A partir de este
día, iba a todas las apariciones con una vela encendida.
20
de febrero: alrededor de 500 personas la acompañaban.
21 de febrero:
Varios miles de personas llenaban todos los alrededores de la
gruta. Hubo un momento en que la aparición parecía hacerse
hacia atrás, y como hundirse en el interior de la
roca. Para no perderla de vista, Bernardita fue acercándose de
rodillas. Observó que la Virgen se había puesto triste. Le
pregunto, ¿qué te pasa? ¿qué puedo hacer?
La Virgen respondió: "Rogad
por los pecadores."
Bernardita era objeto de toda clase de
burlas, persecuciones y ofensas. Incluso las autoridades civiles tomaron carta
en el asunto. El comisario llegó a recogerla para hacerle
un largo examen. Amenazó con llevarla a la cárcel si
continuaba yendo a la gruta. Uno de los principales médicos
de Lourdes se dedicó a estudiarla,observarla y examinarla. Este llegó
a la conclusión que en Bernardita no había ningún signo
de alucinación, histeria o escape de la realidad. Dijo así:
"Aquí hay un hecho extraordinario, totalmente desconocido a la ciencia
y a la medicina."
Sin embargo, las persecuciones no terminaron; la
policía continuó tratándola indignamente. El Párroco de Lourdes la defendió
enérgicamente. En todo esto Bernardita se mantuvo firme pero con
humildad, nunca tomando una posición defensiva, ni de ataque contra
nadie.
22 de febrero: La Virgen no se le apareció.
Todos se burlaban de Bernardita. Ella lloraba pensando que quizás
había cometido alguna falta y que por eso la Virgen
no se le había aparecido. Pero tenía la firme esperanza
de volver a verla.
Una de las cosas que mas sorprendía
a la gente era ver a una humilde y sencilla
pastorcita, carente de adecuada educación, saludar con gracia y dignidad
a la Virgen al concluir la aparición. Le preguntaron una
vez: "Dime ¿quién te ha enseñado a hacer tan graciosos
saludos?" "Nadie, contestó, no se como habré saludado, trato de
hacerlo como lo hace la Visión y ella me saluda
de este modo cuando se marcha."
23 de febrero: Primera
vez que la Virgen formula una orden concreta. Ante 10
mil personas la Virgen le da a Bernardita un secreto
que solo a ella le concierne y que no puede
revelar a nadie. También le enseñó una oración que le
hacía repetir, pero que no quiso que la diera a
conocer.
La Virgen le dijo: "Y ahora, hija mía, ve
a decir a los sacerdotes que aquí, en este lugar,
debe levantarse un Santuario, y que a el debe venirse
en procesión."
Bernardita se dirigió inmediatamente hacia la Iglesia a darle
el mensaje al Párroco. El sacerdote le preguntó el nombre
de la Señora, a lo cual Bernardita le respondió que
no sabía.
Después de escucharla, el párroco le dijo: "Puedes
comprender que yo no puedo bastarme de tu solo testimonio;
di a esa gran Señora que se de a conocer;
si es la Virgen, que lo manifieste mediante un gran
milagro. ¿No dices que se te aparece encima de un
rosal silvestre? Entonces dile de mi parte, que si quiere
un Santuario, que haga florecer el rosal."
24 de febrero: Toda
la gente quiso saber que pasaría con el encargo del
Párroco y si la Virgen haría el milagro del rosal.
Bernardita como siempre llegó a la gruta y se arrodilló,
sin poner atención en absoluto a la gente que iba
por curiosidad.
Bernardita le contó a la Virgen lo que el
sacerdote le había pedido. La Virgen solo sonrió, sin decir
una palabra. Después la mando a rogar por los pecadores
y exclamo tres veces: "¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!" Le hizo repetir
estas palabras y Bernardita lo hacia mientras se arrastraba de
rodillas hasta el fondo de la gruta. Ahí le reveló
un secreto personal y después desapareció.
Bernardita por humildad no relató
todo los detalles, pero los testigos contaron que también se
le vio besar la tierra a intervalos, La Virgen le
había dicho: "Rogaras por los pecadores... Besarás la tierra por
la conversión de los pecadores." Como la Visión retrocedía, Bernardita
la seguía de rodillas besando la tierra.Bernardita se volvió hacia
los asistentes y les hacia señas de: "Ustedes también besen
la tierra."
Desde entonces se le fue encomendada a Bernardita la
penitencia por los pecadores. Un día la Virgen la mandó
a subir y bajar varias veces la gruta de rodillas,
la Virgen tenía la cara de tristeza.
"La Virgen me lo
ha mandado por mi y por los demás" dijo ella.
25 de febrero: "Hija mía", le dijo en la Visión,
"quiero confiarte solamente para ti el ultimo secreto; igualmente que
los otros dos, no los revelaras a ninguna persona de
este mundo"
Y ahora -le dijo la Virgen después de un
momento de silencio- ve a beber y lavarte los pies
a la fuente, y come de la hierba que hay
allí.
Bernardita miro a su alrededor pues no miraba ninguna
fuente. Ella pensó que la Virgen la mandaba al torrente
y se dirigió hacia allá.
La Virgen la detuvo y le
dijo: "No vayas allá, ve a la fuente que está
aquí." Le señaló hacia el fondo de la gruta.
Bernardita subió
y, cuando estuvo cerca de la roca, buscó con la
vista la fuente no encontrándola, y queriendo obedecer, miró a
la Virgen. A una nueva señal Bernardita se inclinó y
escarbando la tierra con la mano, pudo hacer en ella
un hueco. De repente se humedeció el fondo de aquella
pequeña cavidad y viniendo de profundidades desconocidas a través de
las rocas, apareció un agua que pronto llenó el hueco
que podía contener un vaso de agua.
Mezclada con la tierra
cenagosa, Bernardita la acerco tres veces a sus labios, no
resolviéndose a beberla. Pero venciendo su natural repugnancia al agua
sucia, bebió de la misma y se mojó también la
cara. Todos empezaron a burlarse de ella y a decir
que ahora si se había vuelto loca. Pero, ¡misteriosos designios
de Dios! con su débil mano acababa Bernardita de abrir,
sin saberlo, el manantial de las curaciones y de los
milagros mas grandes que han conmovido la humanidad.
El agua milagrosa
de Lourdes ha sido analizada por hábiles químicos: es un
agua virgen, muy pura, un agua natural que carece de
toda propiedad térmica. Además tiene la peculiaridad que ninguna bacteria
sobrevive en ella.(Simboliza la Inmaculada Concepción, en cuyo ser nunca
hubo mancha de pecado original ni personal.)
26 de febrero: El
agua milagrosa obró el primer milagro. El buen párroco de
Lourdes había pedido una señal, y en vez de la
muy pequeña que había pedido, la Virgen acababa de darle
una muy grande, y no solo a él, sino a
toda la población.
El primer milagro de curación.
Había en Lourdes un
pobre obrero de las canteras, llamado Bourriette, quien veinte años
antes había tenido el ojo izquierdo horriblemente mutilado por la
explosión de una mina. Era un hombre muy honrado y
muy cristiano. Mandó a la hija a buscarle agua a
la nueva fuente y se puso a orar, aunque estaba
un poco sucia, se froto el ojo con ella. Comenzó
a gritar de alegría. Las negras tinieblas habían desaparecido; no
le quedaba mas que una ligera nubecilla, que fue desapareciendo
al seguir lavándose. Los médicos habían dicho que el jamás
se curaría. Al examinarlo de nuevo no quedo mas remedio
que llamarle a lo sucedido por su nombre: milagro. Y
lo mas grande era que el milagro había dejado las
cicatrices y las lesiones profundas de la herida, pero había
devuelto aun así la vista. Muchos milagros siguen sucediendo en
Lourdes por lo que en el santuario hay siempre una
multitud de enfermos.
La primera vela en la gruta de Lourdes.
Un
día al final de la aparición, Bernardita se acerco a
su tía que la acompañaba y le dijo: ¿Quieres darme
una vela y permitirme dejarla en la gruta? Entonces se
dirigió hasta el fondo de la gruta y allí la
dejo encendida, apoyándola en la roca.
Esta vela quizás en
un momento fue la única; ahora son millones las que
arden constantemente ante la imagen de la Virgen. La vela
encendida es un hermoso símbolo: la cera blanca y virgen
de la que esta formada, siempre ha representado la humanidad
que Cristo tomó de María, y que unida a la
Divinidad es la luz del mundo. Como la cera de
la vela, esta humanidad sagrada se consumirá delante de Dios
en adoración, suplicas y acción de gracias. La luz de
la vela, resplandeciente y radiante, simboliza la Divinidad del Hijo
de María. La vela encendida representa igualmente al cristiano, que
iluminado por la fe debe consumirse delante de Dios como
víctima de penitencia y amor.
El 2 de marzo, Bernardita
fue de nuevo a ver al párroco de Lourdes, recordándole
la petición de la Virgen de levantar un Santuario en
el lugar de las apariciones. El párroco le contesto que
era obra del Obispo quien ya estaba enterado de la
petición y sería el encargado de poner por obra el
deseo celestial de la Visión.
Ultimo día, 4 de marzo, siguiendo
su costumbre, Bernardita, antes de dirigirse a la gruta, asistió
a la Santa Misa. Al final de la aparición, tuvo
una gran tristeza, la tristeza de la separación. ¿Volvería a
ver a la Virgen?
La Virgen siempre generosa, no quiso que
terminara el día sin una manifestación de su bondad: un
gran milagro, un milagro maternal, coronación de la quincena de
apariciones. milagro: un niño de dos años estaba ya agonizando,
se llamaba Justino. Desde que nació tuvo una fiebre que
iba poco a poco desmoronando su vida. Sus padres, ese
día, lo creían muerto. La Madre en su desesperación lo
tomó y lo llevó a la fuente. El niño no
daba señales de vida. La madre lo metió 15 minutos
en el agua que estaba muy fría. Al llegar a
la casa, notó que se oía con normalidad la respiración
del niño. Al día siguiente, Justino se despertó con tez
fresca y viva, sus ojos llenos de vida, pidiendo comida
y sus piernas fortalecidas. Este hecho conmocionó a toda la
comarca y pronto a toda Francia y Europa; tres médicos
de gran fama certificaron el milagro, llamándolo de primer orden.
Entonces el gobernador de Tarbes, ciudad a la que pertenecía
Lourdes, reunió a todos los alcaldes de la zona para
dar instrucciones precisas de prohibir de inmediato la asistencia a
la gruta de todo ciudadano. Todo fue en vano, cada
día acudían mas peregrinos de todas partes.
No obstante las
persecuciones, las burlas y las injurias, Bernardita continuaba visitando la
Gruta. Iba a rezar el Rosario con los peregrinos. Pero
la dulce visión no aparecía. Ella ya estaba resignada a
no volver a ver a la Virgen.
El 25 de Marzo,
día de la Anunciación, Bernardita se sintió fuertemente movida a
ir a la Gruta; muy contenta obedeció ese llamado en
su corazón, y se fue inmediatamente hacia la Gruta.
Como era
una fecha solemne, los peregrinos tenían la esperanza de que
la Virgen se aparecería y cuando llego Bernardita se asombró
de la cantidad de personas que encontró. Fue este día
25, en la historia de las apariciones, un día de
gloria. Bernardita volvió a preguntarle a la Señora: "quieres tener
la bondad de decirme quien eres y cual es tu
nombre?" (la visión resplandecía mas que nunca; sonriendo siempre, y
siendo su sonrisa la única respuesta.)
Bernardita insistió... "¿quieres decirme quien
eres? te lo suplico Señora Mía."
Entonces la Señora apartó su
vista de Bernardita, separó sus manos, hizo deslizar en su
brazo el rosario que tenía en sus dedos, levanto a
un mismo tiempo sus manos y su cabeza radiante, en
tanto que sus manos se juntaron delante del pecho, su
cabeza se afirmo y, mas resplandeciente que la luz del
sol, dirigida la vista al cielo dijo: "YO SOY LA
INMACULADA CONCEPCIÓN", y así desapareció, dejando en Bernardita esta imagen
y ese nombre.
Bernardita, oía por primera vez esas palabras.
Mientras se dirigía a la casa parroquial, para contarle al
párroco (ya que este le había dado el encargo de
preguntar a la visión como se llamaba), iba ella por
todo el camino repitiendo "Inmaculada Concepción", esas palabras tan misteriosas
y difíciles para una niña analfabeta.
Cuando el párroco oyó el
relato de Bernardita, quedó asombrado. ¿Como podía una niña sin
ninguna instrucción religiosa saber el dogma que solo unos cuatro
años antes había la Iglesia promulgado? En 1854, el Papa
Pío IX había definido el dogma de la Inmaculada Concepción.
El sacerdote comprobó que Bernardita no se había engañado, era
ella, la Virgen Santísima, la soberana Madre de Dios quien
se le aparecía en la Gruta.
5 de Abril: El día
lunes de Pascua, volvió a la gruta, rodeada de una
verdadera multitud de personas que oraban con ella. Bernardita arrodillada
como era de costumbre habitual, tenia en la mano izquierda
la vela encendida que le acompañaba en todas las ocasiones
y la apoyaba en el suelo. Absorta en la contemplación
de la Reina de los cielos, y mas sabiendo ahora
con seguridad que era la Virgen Santísima, levanto sus manos
y las dejo caer un poco, sin percatarse que las
tenia sobre el extremo de la vela encendida; entonces la
llama comenzó a pasar entre sus dedos y a elevarse
por encima de ellos, oscilando de un lado para el
otro, según fuera el leve soplo del viento.
Los que estaban
ahí gritaban: "se quema." Pero ella permanecía inmóvil. Un médico
que estaba cerca de Bernardita sacó el reloj y comprobó
que por mas de un cuarto de hora la mano
estuvo en medio de la llama, sin hacer ella ningún
movimiento. Todos gritaban ¡milagro! El medico comprobó que la mano
de Bernardita estaba ilesa.
Después que terminó la aparición: uno
de los espectadores aproximó a la mano de Bernardita la
llama de la misma vela encendida, y ella exclamó: "¿Oh
que quiere usted, quemarme?"
Última aparición:
Fue el día 16 de
Julio, día de la Virgen del Carmen. Bernardita se siente
de nuevo movida a ir a la gruta, que esta
cercada, vigilada y prohibida. Va acompañado de una tía y
unas vecinas. Bajan por praderas contiguas a la gruta. Se
arrodillaron lo mas cerca posible de la gruta pero sin
poder llegar a ella. Bernardita recibe la ultima visita de
la Virgen y diría: "Nunca se había aparecido tan gloriosa."
Bernardita
había cumplido su misión, con gran amor y valentía ante
todos los sufrimientos que tuvo que sobrellevar y ante todos
los obstáculos que el Enemigo puso en su camino. Su
confesor dijo repetidamente: "La mejor prueba de las apariciones es
Bernardita misma, su vida."
Resumen del mensaje de la Virgen de
la Mensaje de la Virgen de Lourdes.
El Mensaje que la
Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse
así:
1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma
de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años
antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella
misma como Madre y modelo de pureza para el mundo
que esta necesitado de esta virtud.
2-Es una exaltación a las
virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger
a Bernardita como instrumento de su mensaje.
3-Un mensaje importantísimo en
Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le
repite que lo importante es ser feliz en la otra
vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.
4-Importancia de
la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando
el suelo como señal de ello); también, un mensaje de
misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los
enfermos.
Algunos puntos de reflexión sobre los signos visibles de la
primera aparición:
En ellos hay una gran enseñanza espiritual:
1-Rodeada de luz:
es el símbolo de la luz de la fe, a
la cual nos abrimos por el Bautismo. La fe es
la luz de la vida con que debemos brillar ante
el mundo. Debemos hacer resplandecer la fe por la santidad
de nuestras vidas.
2-La luz era tranquila y profunda: en la
fe cristiana hallaremos el reposo para nuestra alma.
3-De belleza incomparable,
no hay nada igual aquí en la tierra: trabajar intensamente
por adquirir la verdadera belleza que es la del alma,
a fin de que Dios pueda contemplarnos con agrado.
4-Ropaje
tan blanco, tan puro, tan delicado que jamas tela alguna
pudo imitar: de que pureza tan perfecta y delicada ha
de estar revestida delante de Dios, nuestra alma; ya que
el pecado mancha nuestro blanco ropaje.
5-Pies desnudos, brillando sobre
cada uno de ellos una rosa luminosa: Los pies desnudos
nos predican la pobreza evangélica, esta bella y sublime virtud
a la cual Jesús ha prometido el mismo Reino de
los Cielos. Las rosas luminosas: Jesús nos envía a difundir
por todas partes el buen olor de Cristo, el divino
perfume del Evangelio.
6-Las manos siempre juntas, con el santo rosario:
en ferviente oración, orando siempre y sin interrupción. La oración
nuestro alimento constante, la respiración del alma, pues todas las
virtudes solo nacen en un alma que ora.
¡Nuestra Señora
de Lourdes: Ruega por nosotros!
La piedad de Bernardette vence las
pruebas.
Dos virtudes resaltaban en Bernardette: la piedad y la modestia.
Para ser piadoso no es necesario ser sabio. Aún cuando
se hizo religiosa, ella misma decía que no sabía como
orar y sin embargo pasaba largas horas en oración. Y
su oración no era mecánica, sino que le hablaba a
Dios y a la Virgen como se habla con una
persona cara a cara. Era pues una oración del corazón,
intensa, honesta y eficaz
Amaba la oración. Ella sabía muy bien
como rezar el Santo Rosario el cual siempre llevaba en
su bolsillo. Lo tenía en sus manos cuando se le
apareció la Virgen. Su primer gesto en momentos de cualquier
prueba o dificultad era siempre tomar su rosario y empezar
a recitarlo.
La pequeña escogida por la Virgen tendría mucho que
sufrir hasta el día de su muerte, tanto sufrimientos morales
como físicos; pero nunca debemos olvidar que Dios guía a
esta pequeña niña y que ella responde con humildad, abandono,
fe y coraje. Bernardette poseía además virtudes que serían criticadas
durante toda su vida como "defectos." Por este error de
la gente se puso en duda también la autenticidad de
las apariciones.
Esta niña de solo 14 años (cumplidos en Enero
7 1858), tuvo que ser sabia, firme, extraordinariamente valiente y
saber discernir, para poder enfrentarse con las personas que trataban
de disuadirla, entre ellas sacerdotes, obispos, jefes de la policía,
procuradores, etc.
Para tener una idea de la fortaleza interior
y la capacidad de su juicio, podemos ver algunas de
las frases que dijo durante los interrogatorios a los que
tuvo que someterse. Después de que el Procurador Imperial, el
señor Dutor, hizo quedarse de pie por mucho tiempo a
Bernardette y a su mamá, al fin les dijo condescendientemente:
-"Ahí
hay sillas. Pueden sentarse"
Bernardette respondió: "No. Pudiéramos ensuciárselas."
En otra ocasión,
cuando le preguntaron sobre el idioma en que le habló
la Virgen, Bernardette dijo:
-"Ella me habló en dialecto."
-"La Virgen María
no pudo haber hablado en dialecto", le respondieron, "Dios y
la Virgen no hablan dialecto."
A lo que ella respondió: "¿Cómo
podemos saber nosotros dialecto si ellos no lo hablan?"
-"Oh, ¿por
qué piensa que me habló en Francés? ¿puedo yo hablar
en Francés?"
En la doceava aparición Bernardette le acercó un rosario
a la Virgen. Un sacerdote le preguntó después de la
aparición: ¿Así que ahora también bendices rosarios?
Bernardette se rió y
dijo: "Yo no uso una estola ¿o sí?"
Otro le preguntó:
"Así que Bernardette, ahora que la Virgen te ha prometido
que irás al cielo, no necesitas preocuparte del cuidado de
tu alma".
Bernardette: "Pero Padre, yo solo iré al cielo si
me porto correctamente."
Sus interrogatorios serían de largas horas, algunas veces
días enteros; y sus interrogadores trataban de engañarla para que
contradijera sus declaraciones. Pero ella se mantenía alerta, en guardia,
sabiendo que ellos no querían la verdad, sino probar que
lo había inventado todo.
Bernardette tuvo que enfrentarse frecuentemente con el
párroco de Lourdes, Abbé Peyramale, quién tenía fama por su
mal genio. Sin embargo todas las veces que nuestra santa
fue a verlo, a pesar del temor que sentía, nunca
se echó atrás, sino que siempre vencía su natural miedo.
Su voluntad de cumplir con lo que la Virgen le
había encargado podía mucho más que el mal genio del
sacerdote.
Y así vemos como Bernardette cumple los deseos de la
Virgen a pesar de grandes obstáculos y de sus propias
flaquezas. Al final, en el último día de las apariciones,
el 25 de marzo de 1858, la Virgen revela su
identidad dándole a Bernardette la prueba que tanto pedía su
párroco para creerle.
Las palabras de la Virgen, "Yo Soy
la Inmaculada Concepción" fueron las que derrumbaron de una vez
por todas el muro de la incredulidad en el corazón
del párroco, quién se convirtió desde ese momento en su
más grande defensor y apoyo, usando su mismo temperamento contra
los que atacaban a la niña.
A diferencia de
otras apariciones, como La Salette, Pointman, Fátima, Knock, Beuraing, exceptuando
la Medalla Milagrosa; Bernardette era la única vidente. No tenía
otros que corroborasen el testimonio y le sirviesen de apoyo.
Su única fuente de fortaleza era la misma Virgen Santísima.
Pero esta era suficiente para ella.
Llegaría un tiempo donde sus
cualidades, su fuerza interior, su rapidez al contestar, todas usadas
para defender las Apariciones de la Virgen, se usarían en
su contra. Aquellos que la apoyaban sabían entender sus grandes
virtudes, pero para los que la criticaban eran sus grandes
defectos. A su fortaleza interna le llamaban terquedad; a su
rapidez en responder le llamaban insolencia. Una vez en el
Convento de San Gildard, en Nevers, cuando fue acusada de
tener amor propio, ella dibujó un círculo y puso la
marca del dedo en el centro del mismo y dijo:
"Que
el que no tenga amor propio ponga su dedo aquí"
(indicando la marca del centro.)
Las apariciones fueron para Bernardette
un regalo inmerecido, un regalo que que en si mismo
no la hizo santa. Era un regalo para ella y
para el mundo. Ella, por su admirable correspondencia a la
gracia, llegó a la santidad. Nosotros también podemos.
Hemos de tener
claro que Santa Bernardita no fue canonizada por haber visto
a la Virgen Santísima, sino por haber subido por la
escalera de la santidad a través de enormes pruebas y
cruces. Para ser santo no es necesario haber tenido grandes
experiencias místicas. Es suficiente tener estas dos cosas: humildad y
amor. Es en la asidua oración y en la vida
de virtud que el amor se expresa a sí mismo.
Bernardette
después de las apariciones.
La humilde jovencita escogida para tan gran
misión, permaneció después de las apariciones como era antes, es
decir la Virgen se encargo de conservarla sencilla, humilde y
modesta. No le gustaban el bullicio ni la popularidad.
Pasaba como
una mas, excepto por sus virtudes, por su inocencia, su
candor y rectitud en su obrar. Hizo su primera comunión
el mismo año 1858, el 3 de junio, día de
Corpus Christi. Nada espectacular sucedió excepto que ella había piadosamente
recibido a Jesús.
Dios seguía visitándola, no con brillantes apariciones, sino
por la prueba amarga de los sufrimientos: de la incomprensión,
burla, casi siempre estaba enferma, soportaba dolores de toda clase,
recogida y resignada con paciencia. Sufría de asma crónica, tuberculosis,
vómitos de sangre, aneurisma, gastralgia, tumor de una rodilla, caries
en los huesos, abscesos en los oídos que le ocasionaron
sordera, que esta se le quito hasta un poco antes
de su muerte.
La Virgen le dijo a Bernardette: "No te
prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo."
Y estas palabras de la Virgen se cumplieron plenamente en
nuestra santa. Mucho tuvo que sufrir durante su vida hasta
su muerte a los 35 años. La salud de Bernardette
era muy delicada, muchas veces tenía que estar en cama
con fiebre; tenía días bien críticos con ataques de asma
que muchas veces eran bien dolorosos.
Muchos encontraban cura en la
fuente de Lourdes, pero no Bernardette. Un día le preguntaron:
"¿No tomas del agua de la fuente? Estas aguas han
curado a otros, ¿por qué no a ti? Esta pregunta
insidiosa pudo haberse convertido en una tentación para Bernardette en
no creer en la aparición, pero ella no se turbó.
Le respondió:
"La Virgen Santísima quizás desea que yo sufra. Lo
necesito."
¿Porqué tú más que otros?
-"El buen Dios solo lo sabe."
¿regresas
algunas veces a la gruta?
-"Cuando el Párroco me lo permite."
¿Porqué
no te lo permite todo el tiempo?
-"Porque todos me seguirían."
Antes
habías ido aún cuando se te había prohibido
- "Eso fue
porque fui presionada."
La Virgen Santísima te dijo que serías feliz
en el otro mundo, así que estas segura de ir
al cielo.
-"Oh no, eso será solo si obro bien."
¿Y no
te dijo Ella que hacer para ir al cielo?
-"Nosotros lo
sabemos muy bien; no es necesario que yo lo diga."
Últimos
años en Lourdes.
Bernardette no podía recibir en su casa el
cuidado que ella necesitaba para su frágil salud y el
gran número de visitantes curiosos le causaban fatiga. Viendo esta
necesidad, Abbé Peyramale pidió a la Superiora del Hospicio de
Lourdes que acogiera a la niña. Le dijo:
"Es con ustedes
que la niña debe estar. Ustedes pueden darle el cuidado
que ella necesita en todos los aspectos."
En el año 1860,
las Hermanas de la Caridad de Nevers, que servían el
hospital y la escuela, le ofrecieron un asilo titular. Desde
aquel día permaneció bajo su techo, con su salud delicada,
pero con su consigna de siempre: no llamar la atención
de nadie. Aún cuando sus padres ya se habían mudado
de la cárcel y vivían en un molino, le dieron
permiso sin dificultades de permanecer con las hermanas. Su madre
lloró por su partida pero sabía que era por el
bienestar de la niña.
En el hospicio Bernardette fue
asignada bajo el cuidado de la Hermana Elizabeth, quien le
debía enseñar a leer y escribir mejor. Bernardette tenía 16
años, era julio de 1860. La superiora le dijo a
la Hna. Elizabeth: "se dice que ella no es muy
inteligente, mira a ver si es posible hacer algo con
ella."
La Hna. Elizabeth al entrar en contacto con Bernardette diría:
"Encuentro en ella una inteligencia muy viva, un candor perfecto
y un corazón exquisito." Ella diría a la madre superiora:
"Mi querida Madre, la han engañado. Bernardette es muy inteligente
y asimila muy bien la doctrina que se le da."
Sin ser brillante, Bernardette adquirió gran cantidad de conocimiento elemental.
En su tiempo en el hospicio, permaneció siendo una niña
de su edad. Era recta, sincera, piadosa pero traviesa, muy
vivaz, a quien le encantaba reír, jugar y bromear. Muchas
veces la ponían a cuidar niños más pequeños, como era
la costumbre en las escuelas elementales y Bernardette se mostraba
tan joven y juguetona como la más pequeña niña.
Uno
de los niños diría mas tarde:
"Bernardette era tan simple.
Cuando le pedían que nos cuidara, lo hacía de una
manera tal, que parecía otra niña jugando con nosotros, que
no nos hacía pensar tanto en su aventura milagrosa. Criados
con este pensamiento de que nuestra compañera había visto a
la Virgen, lo considerábamos tan natural como un niño de
hoy día que ha visto al presidente de la república."
Bernardette
era completamente natural en su comportamiento diario, sin embargo era
muy seria tocante a su vida Cristiana.
Al crecer, Bernardette tuvo
como toda joven, sus momentos de vanidad, queriendo estar arreglada
y lucir bien. Pero todas estas vanidades pasaron por ella
rápidamente y sin dejar ningún rastro en su corazón.
Decía
la Hna. Victorina: "La fiebre pasó rápidamente y no dañó
su profunda piedad."
La comunidad contaba con las oraciones de Bernardette.
Un día una religiosa, la Madre Alejandrina, sufrió una torcedura
y el médico le mandó a tener reposo. Pero ella
era muy activa y le pidió a Bernardette que le
pidiera a la Virgen que la curara. Bernardette inmediatamente fue
a rezar ante la estatua de la Virgen en la
capilla. Oró con todo su corazón. ¿Qué pasó? No sabemos
nada más que al otro día el doctor encontró a
la Madre Alejandrina ocupada en su trabajo, como si nada
hubiese pasado.
La vocación religiosa.
La Virgen Santísima le dio una gracia
especial al llamarla a la vida religiosa. Parece que nunca
Bernardette consideró en serio el matrimonio. A los 19 o
20 años, en 1863, la vocación de ser religiosa se
le presentó claramente. Había considerado vagamente ser carmelita, pero no
fue difícil hacerle comprender que su salud era muy delicada
para enfrentar los rigores del Carmelo.
Fue el Obispo Forcade de
Nevers, que tenía en su diócesis la Casa Madre de
las Hermanas de la Caridad del hospicio y la escuela
de Lourdes, quien contribuyó definitivamente en su orientación. El le
preguntó cuáles eran sus intenciones para el futuro y ella
le respondió:
"Señor Obispo, todo lo que pido es quedarme en
esta casa como una sierva."
Pero hija mía, ¿no has pensado
en llegar a ser una religiosa como las hermanas a
las que tan apegada estás?
"Oh, Señor Obispo, nunca he creído
que esto pudiese ser para una ignorante y pobre niña
como yo. Usted sabe bien que soy pobre y no
tendría la dote necesaria."
No es la pobreza lo que debe
detenerte. Se puede hacer una excepción a la regla y
recibir a una joven sin dote, si ella tiene signos
claros de vocación."
"Señor Obispo, sus palabras me han tocado profundamente,
le prometo que pensaré en ellas."
Bernardette comprendía que una decisión
como esta no se hace sin consideración y reflexión. El
Obispo estaba muy complacido con su prudencia y le recomendó
que se tomara su tiempo e hiciera su decisión con
completa libertad y sin apresuramiento.
En Agosto de 1864, Bernardette dijo
a la Madre Superiora del Hospicio:
"Madre mía, he orado mucho
para saber si estoy llamada a la vida religiosa. Creo
que la respuesta es "sí". Yo quisiera entrar en su
congregación si soy aceptada. Permítame pedirle que le escriba al
Obispo."
En respuesta la superiora abrazó a Bernardette y sus lágrimas
de gozo fueron su afectuosa respuesta.
Habiendo hecho su elección, más
ataques de enfermedad y la necesidad de tratar varios remedios
retardaron la puesta en práctica de su promesa.
En 1866 escribió:
"Estoy mas presionada que nunca a dejar el mundo. Ahora
he decidido definitivamente y espero dejarlo pronto."
Por fin llegó el
gran día a comienzos de Julio de 1866, tenía 22
años de edad. Por última vez fue a la amada
gruta donde su despedida fue de todo corazón. "¿Ven la
gruta?, era mi cielo en la tierra." Al día siguiente
se despidió de su familia y en Julio 4 1866,
Bernardette dejó su pueblo natal para nunca más volver.
Antes
de partir improvisa una oración tomando como pauta el Magnificat:
acción de gracias por la pobreza de su esclava. Se
dirige directamente a María: "Sí, Madre querida, tú te has
abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña.
Tú, reina del cielo y la tierra, has querido servirte
de lo que había de mas humilde según el mundo."
La
religiosa, la santa:
Se va para comenzar su noviciado. Llegaron al
convento de las Hermanas de la Caridad de Nevers, el
7 de julio de 1866 en la noche. El domingo
Bernardette tuvo un ataque de nostalgia que le llevó a
estar llorando todo el día. La animaban diciéndole que este
era un buen signo ya que su vida religiosa debía
empezar con sacrificio. En los anales de la Casa Madre
se lee:
"Bernardette es en realidad todo lo que de ella
hemos oído, humilde en su triunfo sobrenatural; simple y modesta
a pesar de que todo se le ha unido para
elevarla. Ella ríe y es dulcemente feliz aunque la enfermedad
se la está comiendo. Este es el sello de la
santidad, sufrimiento unido a gozo celestial."
HERMANA MARÍA BERNARDA (MARIE
BERNARD):
Ni la superiora, la hermana Josefina Imbert, ni la maestra
de novicias Madre María Teresa Vausou, entendían el tesoro que
se les había confiado. Sí, admitían que la Virgen se
le apareció, pero la veían tan "ordinaria", que tenían dificultad
en ver santidad en ella. Su idea de santidad aparentemente
era diferente a la de la Iglesia.
En el proceso diocesano
de Beatificación, el Reverendo P. Peach, profesor de teología dogmática
en el seminario de Moulins, les dijo a sus estudiantes:
"El
testimonio llegó a esto, que Bernardette era muy ordinaria. Pero
cuando se les preguntó si ella era fiel a las
reglas, si tenía que ser corregida por desobediencia o en
referencia a la pobreza y castidad, todas se apresuraron a
decir: "Oh no, nada de eso."
¿Por qué sus superioras la
juzgaban tan mal? sólo se puede encontrar respuesta en que
era parte de la Providencia Divina para la santificación de
Bernardette. De manera particular la Maestra de Novicias, Madre María
Teresa Vauzou, quién fue la causante de muchos sufrimientos espirituales
de Bernardette durante los 13 años que vivió en el
convento. La Madre María, quien era estimada por su ojo
agudo y su penetración psicológica, nunca fue capaz de leer
en esta alma límpida su íntima unión con Dios, ni
tampoco su total abandono a los deseos de su divina
voluntad, la cual formaba su vida interior.
Bernardette, sin
haber estudiado sobre las formas de oración, pasaba horas en
ella, recitando su rosario con gran fervor. Vivía en unión
perpetua con la Virgen Santísima y a través de Ella
con Jesucristo.
"Bernardette estaba totalmente perdida en Dios."
Al recibir el hábito
de postulante, recibió su nombre de religiosa el cual sería
su mismo nombre bautismal, Sor María Bernarda.
Profesión anticipada:
Tres semanas después
de haber recibido el hábito, Bernardette enfermó de gravedad con
un nuevo ataque de tuberculosis y tuvo que ser puesta
en la enfermería.
Esta crisis de sofocación asmática y de tos
fue tan seria que el médico pensaba que su muerte
era inminente.
La Madre Superiora llamó al Obispo y este le
administró el Sacramento de Extrema Unción, pero ella no pudo
recibir el Viático porque constantemente estaba vomitando sangre. Pensando que
Bernardette estaba a punto de morir, la Madre Superiora quiso
darle el consuelo de pronunciar sus votos. Habló con el
Obispo, y la comunidad dio su aprobación unánime.
Sabiendo lo que
iban a hacer, Bernardette respondió con una sonrisa de agradecimiento.
Fue el Obispo Forcade quien presidió la ceremonia. Bernardette dio
su consentimiento por medio de signos ya que no podía
hablar. Entonces le fue dado el velo de profesa. Se
pensaba que estaba a punto de morir, pero Bernardette siempre
ponía su salud en las manos de la Virgen.
La nueva
religiosa se durmió y se despertó a la mañana siguiente
en un estado de felicidad que ella declaró a su
Superiora: "Mi Reverenda Madre, usted me hizo hacer la profesión
religiosa porque pensaba que iba a morir. Bueno, mire no
voy a morir."
La Madre Superiora entonces le respondió: "Tonta, tú
sabías que no ibas a morir y no nos lo
dijiste. En este caso, si no has muerto para mañana
en la mañana, te quitaré el velo."
Y la hermana María
Bernarda, con admirable sumisión heroica, le respondió simplemente:
"Como usted desee,
reverenda Madre." Y a pesar del dolor que esto le
causaba, supo aceptar este cáliz que el Señor le enviaba.
Su
madre murió en Diciembre 8, 1866, tenía 45 años y
esta fue una de las tristezas más grandes que experimentó.
En medio de su dolor dijo al Señor:
"¡Mi Dios, tú
lo has querido! Yo acepto el cáliz que me das.
Que tu Nombre sea bendito."
Durante su noviciado, Bernardette fue tratada
más severamente y quizás más cruelmente que las otras novicias.
Sus compañeras decían: "No es bueno ser Bernardette." Pero ella
lo aceptaba todo y veía en ello la mano de
Dios.
Bernardette profesó el 30 de octubre de 1867 con el
nombre de Sor María Bernarda. Tenía 23 años. Sin embargo,
la felicidad de ese momento fue teñida por una ruda
humillación.
Cuando llegó el momento de distribuir a las nuevas profesas
los trabajos, la Madre Superiora respondió a la pregunta del
Obispo: "¿Y la hermana Marie Bernard? "Oh, Señor Obispo, no
sabemos que hacer. Ella no es buena para nada" Y
prosiguió: "Si desea, Señor Obispo, podemos tratar de usarla ayudando
en la enfermería." A lo cual el Obispo consintió. La
hermana Marie Bernard recibió el dolor de esta humillación en
su corazón, pero no protestó, ni lloró, simplemente aceptó el
cáliz.
Otro cáliz que pronto tomaría fue la muerte de su
padre en 1871, 6 años después que su mamá. Supo
de la muerte de su papá, a quien no había
visto mas desde que dejó Lourdes, pero sabía que había
muerto en la fe.
Una hermana la encontró llorando a los
pies de la estatua de la Virgen y cuando la
hermana la iba a consolar ella le dijo:
"Mi hermana, siempre
ten una gran devoción a la agonía de nuestro Salvador.
El Sábado en la tarde le oré a Jesús en
agonía por todos aquellos que morirían en ese momento, y
fue precisamente en el mismo momento en que mi padre
entró a la eternidad. Que consuelo para mí el quizás
haberle ayudado."
Muchas tribulaciones tuvo que pasar; humillaciones, grandes y pequeñas
se apilaban sobre ella y ella decía:
"Cuando la emoción es
demasiado fuerte, recuerdo las palabras de nuestro Señor. Soy Yo,
no tengan miedo." El rechazo y humillaciones de mis Superioras
y compañeras inmediatamente agradezco a nuestro Señor por esta gran
gracia. Es el amor de este Buen Maestro el que
hará desaparecer el árbol del orgullo en sus malas raíces.
Mientras más pequeña me hago, más crezco en el Corazón
de Jesús."
A Bernardette se le concedió un gran regalo al
comienzo de 1874. Había sido asistente de enfermería, un trabajo
que amaba mucho, pero sus fuerzas se diminuían.
Después de un
ataque de bronquitis en el otoño de 1873, por el
cual tuvo que ir al hospital, se determinó que estaba
muy débil para seguir ayudando en la enfermería y se
le dio el trabajo de menos esfuerzo físico en el
Convento, el cual era al mismo tiempo el más importante,
y el cual ella amó mucho más que el de
ayudante de enfermería; la nombraron asistente de sacristán.
Su nueva posición
le daba la oportunidad de pasar mucho tiempo en la
capilla, cerca del Santísimo Sacramento. Estaba casi sin supervisión, lo
que le permitía hablarle al Señor en el Tabernáculo, sin
que nadie pensara que ella era extraña.
Manejaba todos los artículos
sagrados con gran reverencia. El corporal, los purificadores y las
albas los trataba consciente que Jesús Encarnado los había tocado
durante el Sacrificio de la Eucaristía. Por eso no permitía
que nadie le ayudase en este ministerio.
Pero este regalo no
duró por mucho tiempo ya que su salud constantemente empeoraba.
A partir de 1877 no es más que una inválida.
Se le provee cuidado lo más posible y ella obedece
todas las prescripciones.
Pronunció sus votos perpetuos el 22 de septiembre
de 1878, en un tiempo en que se sentía mejor.
Pero no duró mucho. Al siguiente 11 de diciembre, retornó
a la enfermería, para nunca más salir. Sus últimos meses
fueron muy difíciles, haciéndole pasar por la noche oscura del
alma. Perdió confianza, la paz del corazón y la certeza
del cielo. Fue tentada al desánimo y desesperación. Pensaba que
era indigna de la salvación. Este fue su cáliz más
amargo y su sufrimiento mayor.
También sufría mucho físicamente. La cama
le causó tener la espalda repleta de llagas. Su pierna
tuberculosa se le reventó. Desarrolló abscesos en los oídos, los
que la hicieron prácticamente sorda por un tiempo. Si no
hubieran sido tan evidentes sus síntomas, nadie se hubiese sospechado
que estaba enferma. Su actitud tan serena y gozosa
no manifestaba el profundo sufrimiento que padecía. No perdió su
fortaleza y su aceptación.
A una hermana le dijo que iba
a orar para que el Señor le mandara consolación, ella
le respondió:
"No, no, no consolación, sólo fortaleza y paciencia."
Bernardette padeció
su pasión durante la Semana Santa de 1879. El día
16 de Abril de 1879 rogó a las religiosas que
la asistían que rezaran el rosario, siguiéndolo ella con gran
fervor. Al acabar un Ave María, sonrió como si se
encontrara de nuevo con la Virgen de la Gruta y
murió. Eran las 3:15 PM.
Sus últimas palabras fueron la conclusión
del Ave María: "Santa María, Madre de Dios, ruega por
mí pobre pecadora... pecadora..."
Su cuerpo fue puesto en la pequeña
Capilla Gótica, situada en el centro del jardín del Convento
y la que estaba dedicada a San José. Fue en
esta Capilla en la que, después de 30 años, en
Septiembre 22, 1909, reconocieron el cuerpo, en vista al proceso
de Beatificación diocesano. El cuerpo fue hallado en perfecto estado
de preservación. Su piel dura, pero intacta, mantuvo su color.
Hubo un segundo reconocimiento en Abril 18, 1925, poco antes
de su Beatificación el 12 de Junio de 1925.
Bernardette fue
Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Y celebramos su
fiesta el día en que partió a la casa del
Padre, el 16 de Abril.
Lourdes se ha convertido en el
santuario Mariano mas visitado de Europa y el segundo en
el mundo, después del Santuario de la Virgen de Guadalupe
en México. Infinidad de enfermos han sido sanados en las
aguas milagrosas de Lourdes, pero el mayor milagro siguen siendo
las muchísimas conversiones del corazón.
Santa Bernardette todavía se puede observar
incorrupta en su capilla en Nevers, dentro de un féretro
de cristal donde parece estar dormida. Su dulzura y
paz aun toca los corazones.
¡Santa Bernardette, ruega por nosotros!
Las apariciones
de la Virgen de Lourdes y la Iglesia:
El 18 de
Enero 1862, el obispo firmó la pastoral aprobando las apariciones.
Su carácter sobrenatural y la vida tan auténtica de la
vidente.
1874: el Papa Pío IX concedió al santuario el titulo
de Basílica.
1876: corono solemnemente la estatua de la Virgen.
León XIII:
aprobó el oficio y misa de Lourdes.
Pío X llamo a
Lourdes: "sede del poder y de la misericordia de María,
donde tuvieron lugar maravillosas apariciones de la Virgen."
1907: este mismo
Papa extendió la celebración de la fiesta de Nuestra Señora
de Lourdes a toda la Iglesia universal.
Pío XI: afirmo: "Lourdes,
donde la Virgen se apareció varias veces a la bienaventurada
Bernardita, donde exhorto a todos los hombres a la penitencia."
Elevó
al honor de los altares a Santa Bernardita Soubirous el
8 de Dic 1933.
Pío XII: escribió la encíclica "La peregrinación
a Lourdes", el más completo de todos los documentos sobre
Lourdes.
Juan XXIII: en la clausura del centenario de las apariciones
de Lourdes, recordaba lo siguiente: "La Iglesia, por la voz
de sus Papas, no cesa de recomendar a los católicos
que presten atención al mensaje de Lourdes."
Finalmente, Juan Pablo II
es el primer Papa que ha peregrinado a Lourdes, en
el año de 1983, con motivo del 125 aniversario de
las apariciones. Allí ofició la Santa Misa el día 15
de Agosto, afirmando dos veces: "Venimos en peregrinación a Lourdes,
donde María dijo a Bernardita: "Yo soy la Inmaculada Concepción"
y añadió: "Aquí habló con una simple muchacha de Lourdes,
rezó con ella el rosario, le dio varios mensajes, y
concluyó el Papa diciendo: "la Virgen viene a salvar a
los pecadores."
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